# bltok.com Blog — self-adhesive label materials # https://www.bltok.com/blog ## Etiquetas para bolsas de café: cara, adhesivo y liner Date: 2026-10-27 Category: materials URL: https://www.bltok.com/blog/etiquetas-bolsas-cafe-material-autoadhesivo-liner Respuesta corta: para etiquetas en bolsas de café la cara debe ser film —BOPP blanco, BOPP transparente o PET— y no papel, porque la bolsa flexible se deforma, el café suelta aceite y la bodega del tostador vive entre 60 % y 80 % de humedad relativa. El adhesivo acrílico permanente es el que aguanta el aceite sin ablandarse; el hot-melt agarra más rápido en línea pero cede antes a 30 °C. El liner glassine de 62–80 g/m² funciona en aplicación automática con clima seco; en costa, o en bodega sin control de humedad, conviene PET de 50 µm. Y la superficie de la bolsa manda: el PE ronda 31 dyn/cm y el PP 29, por debajo del umbral de 36–38 dyn/cm en el que un acrílico estándar moja de verdad. Ese párrafo resuelve el 80 % de las consultas que llegan con una foto de una etiqueta levantada en la esquina y la frase «el material vino malo». Casi nunca vino malo: la decisión se tomó en el orden equivocado, primero el diseño, después el precio del metro cuadrado y al final la bolsa. Este texto ordena las decisiones al revés, y termina en el ancho de bobina, que es donde se pierde el dinero que el precio por metro cuadrado prometía ahorrar. La bolsa no es «plástico»: la superficie decide el adhesivo Cuando un rotulista pide material para café, lo habitual es que describa el envase como «bolsa stand-up con válvula». Esa descripción sirve para el diseño y no sirve para el adhesivo, porque bajo la misma silueta conviven acabados con energías superficiales que se llevan veinte dyn/cm entre sí. Un laminado con aspecto kraft suele llevar papel en la cara exterior y PE en la interior: el papel exterior recibe tinta y barniz sin protestar, pero en cuanto se le aplica un barniz mate o un laminado mate, la energía superficial del acabado baja a la zona de 30–34 dyn/cm. Una bolsa metalizada mate está aún más abajo. Y una bolsa de film mate impreso —la que hoy usa la mayoría del café de especialidad— se comporta como lo que es: polipropileno, es decir, alrededor de 29 dyn/cm antes de tratar y apenas por encima después del tratamiento. El papel estucado, en cambio, se mueve en 38–42 dyn/cm y perdona casi cualquier adhesivo permanente. De ahí sale la regla que conviene tener escrita: por debajo de 36–38 dyn/cm la discusión deja de ser «cuánto adhesivo» y pasa a ser «cuál adhesivo». Un acrílico permanente estándar aplicado sobre 31 dyn/cm no falla por falta de gramos: falla porque no llega a mojar la superficie, se queda en gotas microscópicas y solo toca la bolsa en una fracción del área disponible. Aumentar el peso de recubrimiento en esa situación engorda la capa sin aumentar el contacto, y el cliente paga más por el mismo despegue. Hay un segundo detalle que rara vez aparece en una ficha técnica y que explica fallos «imposibles»: el tratamiento corona caduca. Un film tratado en fábrica puede perder parte del tratamiento en almacenamiento largo, sobre todo con calor y sin barrera. Si la bolsa lleva ocho meses en un palé en Barranquilla antes de etiquetarse, la energía superficial que medía el proveedor de envases el día que la produjo ya no es la que encuentra el adhesivo. Pedir el valor de tratamiento y la fecha de fabricación del laminado no es una manía: es la diferencia entre diagnosticar un material y adivinar. Film de PE blanco en rollo, con el liner siliconado separándose del adhesivo. Los films de poliolefina son la cara más difícil de la bolsa de café: rondan 31 dyn/cm y obligan a elegir el adhesivo por energía superficial, no por precio. En planta eso se comprueba con un rotulador de díneas, que es un bolígrafo con una mezcla calibrada de formamida y etanol: se traza una línea y, si la tinta se retrae en gotas dentro de dos segundos, la superficie está por debajo de ese valor. Es un ensayo de tres euros que ahorra un contenedor. Cuando no hay rotulador a mano, una gota de agua sobre el film mate dice mucho: si se queda redonda y rodante, el tratamiento está bajo o ya se fue. Aceite, aroma y CO₂: los tres ataques que no se ven El café tostado libera aceite en la superficie del grano, y ese aceite termina en la pared de la bolsa por contacto y por migración de vapor. Sobre una cara de papel, el aceite penetra y deja el halo translúcido que todo tostador conoce; sobre film blanco el mismo aceite se queda en la superficie y se limpia con un paño. Esta sola diferencia justifica el film en café con tueste oscuro o en bolsas que se reutilizan durante semanas. El adhesivo tiene su propia pelea con ese aceite. Los hot-melt de bloque copolimérico agarran con una tack inicial altísima, que es exactamente lo que una línea de etiquetado a 40 m/min quiere ver, pero su matriz se reblandece con aceite y con calor. En una bodega a 30 °C con bolsas apiladas, la etiqueta no se cae: se desliza milímetros, lo suficiente para que el registro de la impresión quede descuadrado y para que la esquina se levante al tercer día. Un acrílico permanente parte de una tack más modesta y llega más lejos: resiste el aceite, no plastifica con el calor de bodega y mantiene la fuerza de pelado después de semanas. El tercer ataque es el CO₂. Una bolsa recién tostada sigue desgasificando; la válvula existe para que ese gas salga sin dejar entrar oxígeno, y por eso la etiqueta no puede taparla ni rodearla de cerca. En la práctica, dejar unos 25 mm libres alrededor del cuerpo de la válvula es la referencia de trabajo: no es una norma, es la distancia que evita que el domo rígido de la válvula empuje el borde de la etiqueta cuando la bolsa se hincha. Si el diseño necesita texto justo ahí, mejor reducirlo que cruzar la válvula. El aroma no se detiene con una etiqueta y conviene no prometerlo. Una cara de film frena la pérdida de compuestos volátiles durante más tiempo que un papel sin recubrimiento, pero ninguna etiqueta de 60 µm convierte una bolsa de un solo laminado en un envase de barrera. Lo que sí se puede prometer es que la etiqueta no será el punto de fallo. Cinco construcciones comparadas La tabla siguiente recoge las combinaciones que se piden para café y el motivo por el que cada una existe. La columna de energía superficial es el mínimo que la bolsa debe ofrecer para que esa construcción funcione sin trucos; si la bolsa está por debajo, la fila cambia de adhesivo, no de precio. ConstrucciónCaraAdhesivoLinerBolsa mín. (dyn/cm)Dónde se justifica BOPP blanco, estándarBOPP blanco 60 µmAcrílico permanenteGlassine 62 g/m²36Bolsa kraft-look con barniz brillante, etiqueta frontal 80×55 mm, rotativa de velocidad media BOPP transparente, «sin etiqueta»BOPP transparente 50 µmAcrílico permanente claroPET 50 µm36Bolsa impresa a todo color donde la etiqueta solo lleva lote y tueste; el liner PET evita el curvado en clima húmedo BOPP blanco de alto tackBOPP blanco 60 µmAcrílico de alto tackGlassine 62–80 g/m²31Bolsa de film mate o metalizada mate, la superficie que hace fallar al acrílico estándar PET blanco, rígidoPET blanco 50 µmAcrílico permanenteGlassine 80 g/m²34Etiqueta pequeña con datos variables y código QR, donde la estabilidad dimensional importa más que la conformabilidad Papel estucado, económicoPapel estucado 80 g/m²Acrílico permanenteGlassine 62 g/m²38Bolsas de papel kraft sin barniz mate y cajas de cartón; no sirve sobre laminado mate ni en nevera Dos observaciones que la tabla no dice. La primera: el BOPP transparente solo funciona si el diseño acepta que se vea la impresión de debajo; sobre bolsas con fondo oscuro, la etiqueta clara se lee como un parche y el cliente vuelve al papel. La segunda: el PET blanco se elige por estabilidad, no por adherencia. Es una cara rígida que no acompaña los movimientos de una bolsa flexible, y en un formato grande sobre fuelle acaba arrugándose por la esquina aunque el adhesivo esté bien elegido. Válvula, fuelle y esquina: la geometría que despega Muchos despegues que se atribuyen al material son geometría. Una bolsa stand-up tiene tres zonas que se mueven de forma distinta al llenarse: el panel frontal, el fuelle inferior y la zona de la válvula. Una etiqueta que cruza dos de esas zonas está siendo estirada por la bolsa cada vez que se apila, y ninguna formulación de adhesivo compensa eso de forma indefinida. La esquina es el segundo punto crítico. En una etiqueta de esquina viva, toda la tensión de pelado se concentra en un punto de menos de un milímetro; en una bolsa flexible ese punto trabaja cada vez que el paquete se comprime. Un radio de 3 mm en las cuatro esquinas —que en el troquel cuesta lo mismo— reparte esa tensión y alarga la vida de la etiqueta más que subir un escalón de adhesivo. El tamaño también se decide mal por costumbre. Los formatos que se repiten en café son 80×55 mm para 250 g, 90×65 mm para 500 g y 100×75 mm para 1 kg, y todos ellos caben en el panel frontal sin tocar el fuelle. Cuando el cliente pide «la etiqueta más grande que quepa», lo que suele necesitar es más superficie de lectura, y eso se resuelve con una etiqueta más alta dentro del panel, no con una que cruce el pliegue. Rollo de etiquetas ya troqueladas, con las esquinas redondeadas y una unidad despegada del liner. El radio de esquina se decide en este troquel y no se puede corregir después en la etiquetadora del tostador. Queda el fuelle inferior. Si la etiqueta lo cruza, al llenar la bolsa el pliegue se abre y arrastra la mitad inferior de la etiqueta hacia abajo; el resultado es una etiqueta «torcida» que en realidad está bien aplicada. La solución es de diseño: subir la etiqueta cinco milímetros y dejar el fuelle libre. Es la corrección más barata de todo el proceso y la que menos se hace, porque implica volver al archivo de arte. Ancho de bobina: de 1.080 mm a trece pistas Aquí es donde el comprador de material y el impresor tienen conversaciones distintas sobre el mismo número. La máquina de recubrimiento trabaja con un ancho útil de 1.080 mm, y ese ancho es el que determina cuántas pistas salen por bobina madre y cuánto se va en refile. La aritmética es sencilla y conviene hacerla antes de pedir muestra. Un formato de 100 mm de ancho más 3 mm de separación entre pistas ocupa 103 mm: en 1.080 mm entran diez pistas (1.030 mm) y sobran 50 mm que se van en refile, un 4,6 % del ancho. Un formato de 80 mm más separación ocupa 83 mm: entran trece pistas (1.079 mm) y no sobra prácticamente nada. La diferencia entre elegir 80 y 100 mm de ancho de etiqueta, por tanto, no es solo de diseño: es un 4,6 % de merma que alguien paga, y casi siempre lo paga el que compra el material. La línea de recubrimiento y las bobinas madre a la salida. El ancho útil de 1.080 mm de esta máquina es lo que fija cuántas pistas de etiqueta caben y cuánto material se pierde en el refile de cada bobina. La velocidad de la línea —hasta 180 m/min— no es la velocidad a la que etiqueta el tostador, y confundirlas lleva a especificar mal. Lo que importa del lado del cliente es la constancia de la fuerza de despegue a lo largo de la bobina: si el silicón está irregular, la etiqueta sale antes o después de lo previsto y la aplicación automática empieza a fallar en el tramo final del rollo, que es justo el que nadie revisa. Un material recubierto a 180 m/min con control de silicón entrega esa constancia; uno comprado por precio, no. El lote mínimo se expresa en metros cuadrados y no en kilos, y eso tiene una consecuencia práctica: 1.000 m² de una bobina de 103 mm de ancho equivalen a unos 9.700 metros lineales, suficiente para un pedido grande de un solo formato. El plazo de producción es de 15 a 25 días para configuraciones existentes, sin contar tránsito marítimo. Para un tostador que lanza cosecha en octubre, eso significa que la decisión de material se toma en agosto, no en septiembre. Los cinco ensayos del lote y cómo se leen para café Cada lote sale con cinco controles: tack inicial, resistencia al cizallamiento (shear), pelado a 180°, envejecimiento climático y aspecto de recubrimiento. Los tres primeros son los que se citan; los dos últimos son los que evitan la llamada de reclamación. Tack inicial. Mide el agarre inmediato, el que decide si la etiqueta se queda donde cayó en una aplicación a 40 m/min. Un acrílico permanente para bolsa da valores moderados; si la línea del cliente va muy rápida sobre film mate, el número que hay que subir es este y no el pelado final. Cizallamiento. Es la resistencia a deslizarse bajo carga constante, y es el ensayo que predice el fallo de bodega cálida. Una etiqueta que se mueve dos milímetros en palé no se ha despegado: se ha desplazado, y con ella el registro. Pelado a 180°. Se reporta con sus condiciones —panel de acero o vidrio, tiempo de reposo, velocidad, ancho de lectura—, porque un número sin ellas no es comparable. Para acrílico permanente sobre acero a 24 horas, la zona habitual está entre 8 y 14 N/25 mm; el mismo material puede leer bastante menos sobre la bolsa real, y esa diferencia es información, no defecto. Envejecimiento climático. Cámara a temperatura y humedad altas, típicamente 40 °C y 80 % de humedad relativa, para ver qué pasa con el liner y con el borde. En café de costa este ensayo importa más que el pelado inicial. Aspecto de recubrimiento. Revisión visual de la superficie: líneas, moteado, diferencias de brillo, adhesivo fuera de registro. Un moteado leve que no se ve en la etiqueta blanca sí se ve en la transparente, y es la causa más frecuente de rechazo en pedidos «sin etiqueta». Con esos cinco números en la mano, la conversación deja de ser una discusión de opiniones. Si el pelado medido sobre la bolsa real baja de 8 N/25 mm, la respuesta técnica no es más gramos de adhesivo: es cambiar de familia —acrílico de alto tack o, si la línea lo permite, un hot-melt con la advertencia de bodega cálida— o cambiar el liner para que la aplicación sea más limpia. Las dos decisiones se toman antes de producir, no después. Para cerrar la solicitud de cotización, cinco datos bastan y ninguno es el precio: qué laminado es la bolsa y con qué acabado exterior, a qué temperatura y humedad se etiqueta, el formato con sus radios de esquina, el ancho de bobina con core y dirección de desenrollado, y a qué se expone la etiqueta después (aceite, nevera, luz de vitrina, manipulación intensa). Con eso se elige cara, adhesivo y liner en una sola pasada. Sin eso, el proveedor cotiza el material más vendido y el problema se descubre en la tercera semana de producción, cuando ya no hay tiempo de cambiar el liner ni de rehacer el troquel. En la guía de material para UV inkjet está el mismo razonamiento aplicado a la impresión; aquí se aplica a la bolsa. Y si el café va envasado al vacío o pasa por cámara, conviene revisar antes qué aguanta la cadena de frío, porque la humedad de condensación cambia la elección del liner por completo. El material, en cualquier caso, se pide contra una muestra y no contra un catálogo. Sobre la construcción de las seis capas y lo que decide cada una, el punto de partida está en la descripción técnica del proceso; las combinaciones disponibles por familia de cara y liner se ven en el catálogo de materiales, y el detalle del liner de papel supercalandrado —el que resuelve la mayoría de las aplicaciones automáticas en clima seco— está en la página del glassine. ### FAQ Q: ¿Por qué se despega la etiqueta de una bolsa de café con acabado mate? A: Porque la superficie de esa bolsa está por debajo de la energía superficial que el adhesivo necesita para mojar. Un film mate impreso ronda 29–31 dyn/cm, y un acrílico permanente estándar solo moja bien a partir de 36–38 dyn/cm. No falta adhesivo: falta contacto. La corrección es cambiar a un acrílico de alto tack o revisar el tratamiento de la bolsa, no subir el peso de recubrimiento, porque una capa más gruesa sobre una superficie que no moja no aumenta el área de contacto. Q: ¿Se puede usar papel estucado para etiquetas de café? A: Sí en bolsas de papel kraft sin barniz mate y en cajas de cartón, donde la superficie está en 38–42 dyn/cm y cualquier permanente funciona. No sirve sobre laminado mate, metalizado mate ni en producto refrigerado: el aceite del café penetra la fibra y deja el halo translúcido típico, y la humedad de bodega ondula la etiqueta antes de que el adhesivo llegue a fallar. Q: ¿Qué liner conviene para un tostador en clima húmedo? A: El glassine es la opción económica y funciona bien en clima seco y en líneas automáticas de velocidad media, pero es higroscópico: absorbe humedad del ambiente, se expande más que la cara y el borde del rollo se curva. En costa, o en una bodega sin control de humedad, un PET de 50 µm elimina esa variable. Cuesta más por metro cuadrado y se paga sola la primera vez que se dejan de devolver rollos curvados. Q: ¿Se puede aplicar la etiqueta encima de la válvula desgasificadora? A: No. La válvula tiene que quedar libre para que salga el CO₂ de la bolsa recién tostada; si se cubre, la bolsa se hincha y el domo rígido de la válvula empuja el borde de la etiqueta hasta levantarlo. La referencia práctica es dejar unos 25 mm libres alrededor del cuerpo de la válvula, y si el diseño necesita texto en esa zona, conviene reducirlo antes que cruzarla. Q: ¿Cuál es el lote mínimo y cuánto tarda la producción? A: El mínimo es de 1.000 m² por referencia y el plazo de producción va de 15 a 25 días para configuraciones existentes, sin contar el tránsito marítimo. En una bobina de 103 mm de ancho esos 1.000 m² equivalen a unos 9.700 metros lineales, así que el mínimo rara vez es el obstáculo real: lo que suele fallar es el calendario, porque el material que se necesita en octubre hay que decidirlo en agosto.